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HACIA VIERNES SALVAJES

18 septiembre, 2021

LOS SÁBADOS

Los sábados, cuando todavía no tenía la edad para salir con mis amigos, el mejor plan era cuando mi viejo me pedía si lo acompañaba al video club. Dicho así no suena tan bueno, lo reconozco, pero ir con él era tener la posibilidad asegurada de poder alquilarme una película para mí y verla solo en la madrugada en la cocina de casa.

Casi siempre mi viejo elegía películas que eran un bodrio, películas que jamás se me hubieran ocurrido ver. Después íbamos por una pizza a Aries y nos volvíamos caminando, mientras charlábamos de quien sabe qué.

En una de esas incursiones al video club Mariano, mi favorito en Munro, vi a modo de afiche lo que era una caja de un vhs pero más grande. Era la cajita promocional de Duro De Matar. En ésta se veía la cara de Bruce Willis, a quien apenas tenía de la tele, un edificio de noche y una leyenda que indicaba «40 pisos de aventura». Pregunté si la tenían y me dijeron que no, que estaba reservada. Me llevé otra cualquiera, seguramente de terror o policial, mis géneros de siempre. Y mi viejo se debe haber llevado un bodrio, como era su costumbre.

Pasaron varios fines de semana hasta que finalmente reservé Duro de Matar. Esa vez fui solo, en mi casa no había nadie, mis viejos seguro habían salido a la casa de algún tío. Me compré una prepizza, muzzarella y una coca, y me volví entusiasmado con el planazo que tenía por delante.

Y no falló.

Duro de Matar me encantó de entrada. Tenía algo especial. Quizás porque era (es) una historia navideña. Pero también los personajes, el guion redondísimo, las actuaciones y la fotografía.

John McClane se transformó en mi héroe de acción ideal. Decidido, rebelde, tierno, astuto, seductor y un poco demente. El tipo se cargaba a doce terroristas descalzo y sin chaleco antibalas. Encarnaba, sin muchas vueltas, al héroe solitario que debe enfrentar un peligro mayúsculo. Concepto que luego el cine de acción se encargó de explotar hasta la imitación más absurda.

Duro de Matar es la clase de películas que vi muchas veces y que prefiero verla con el doblaje al castellano. Eso es porque alguna vez la dieron en canal 13 y la grabé en vhs haciendo pausa en las propagandas. No sé cuántas veces la volví a disfrutar pero fueron muchas. Seguramente más de diez y cerca de veinte.

Creo que es una clase magistral de guion y de cómo contar una historia. Es ese tipo de película que uno, a pesar de saber cómo sigue, se pone nervioso en los momentos de tensión.

«Decía Alfred Hitchcock que cuanto más villano es el villano de la película, mejor es la película». Y el gran Alan Rickman, construyendo a Hans Grúber, la rompe toda y cumple con la frase Hitchconiana. Ese mismo actor interpretó algunos cuantos años más tarde a otro villano célebre, Snape, en la saga de Harry Potter. Hans es elegante, educado, cínico, metódico y decidido. Yo llegué a odiarlo y desear su muerte. Festejé verlo caer desde las alturas del Nakatomi Plaza. Cuando el actor murió en 2016 imaginé que lo había hecho como en la película. Sin dudas fue un gran actor, un verdadero monstruo.

Otro personaje entrañable y super querible es Al Powel. Es el Sancho Panza de McClane, aunque me gusta pensar que es su conciencia, la voz sin cuerpo que le habla y lo contiene en momentos de debilidad. Es su conexión con el afuera, con el mundo violento y torpe que intenta entrar en la burbuja de cristal.

Y por último, un personaje crucial en toda esta historia es el Nakatomi Plaza, el edificio. A Duro de Matar en España le pusieron Jungla de Cristal, es decir que desde el título el protagonista es el edificio. Y casi en un punto, lo es. El enorme y altísimo edificio me recuerda a Las Torres Gemelas. Es un laberinto de ascensores, tuberías de aire, escaleras y pasillos que pareciera no tener fin.

En los primeros intentos de McClane por escapar de la banda de Hans, pasa dos veces por un mismo lugar donde hay un póster con unas señoritas en paños menores. Hay una cuestión como cíclica en el Nakatomi. Tal vez si me lo pongo a pensar, no en las formas, pero si en el concepto me hace acordar al laberinto de El Resplandor, de Kubrick. El Nakatomi Plaza tiene una personalidad muy fuerte, tanto como el Hotel Overlook, por donde Jack Torrance perseguía a su familia con un hacha. El Nakatomi se me ocurre que podría tranquilamente ser la casa embrujada implantada en otro registro, y el personaje interpretado por Bruce Willis podría ser el fantasma que la merodea. No sé, tal vez estoy desvariando, pero la presencia del edificio es ominosa.

Lo único que voy a decir de John Mctierman, su director, es que labura con un nivel de pericia formidable. Es el responsable de Depredador, Duro de Matar: La Venganza y El Último Gran Héroe. Ésta última con Arnold Schwarzenegger, película que es al mismo tiempo una parodia de los filmes de acción pero también es un brillante homenaje a ese género.

En fin, con Duro de Matar, que la acabo de rever hace algunos días, tengo la enorme sensación que no envejeció. Creo sin temor a equivocarme que un adolescente hoy, que sea fan del Universo de los Superheroes, no puede aburrirse jamás.

Ah, y por último, mientras escribo esto, tengo de fondo la banda de sonido de la película, compuesta por Michael Kamen. Una belleza alucinante. Si son fans de los soundtrack como yo, escúchenla que es zarpada.

Charly Longarini. Lo escuchás en La Patria Futbolera. www.onradio.com. Periodista y Escritor.