Tenemos que hablar es una película atípica filmada en un momento atípico del cine argentino cercado por las políticas de ajuste con las que el gobierno de Javier Milei está castigando a la sociedad argentina y en este caso en particular a la industria audiovisual. Centrada en la pareja interpretada por Martin (Marcelo Xicarts) y Mónica (Marina Bellati) la particularidad de la nueva película de Mariano Galperín radica en que esta funciona a partir de los pensamientos de los protagonistas que se encuentran escindidos de las palabras de los mismos. Ese recurso que a simple vista pareciera tener límites narrativos funciona de un modo virtuoso gracias a la precisión del guion y a la pericia de la puesta en escena.
La mismísima puesta en escena sabe en qué momento tomar el rostro de cada uno de los personajes y conjugar esa decisión de cámara con las ocurrencias de cada uno de los protagonistas del relato. Tenemos que hablar es una comedia que a su vez da cuenta de la época actual haciendo referencias precisas y sutiles sobre el contexto histórico en el que vivimos. Filmada en una sola locación en un corto lapso de tiempo el film de Galperín trasmite algo de la opresión y pesadumbre epocal en la que se encuentra la sociedad argentina contemporánea.
La acción transcurre en el cumpleaños de Martin que es preparado con esmero y nerviosismo por Mónica. En esos momentos iniciales nos enteramos que ambos están en pareja hace veinte años y que hace mucho que no tienen relaciones íntimas. Para Mónica preparar la cena es toda una novedad debido a que eso en general lo hace el personal doméstico que no se encuentra en el momento de la celebración. Ese pequeño detalle de algún modo da cuenta del universo de clase del que da cuenta el film de Galperín.
Bellati da cuenta de sus dotes de comediante sosteniendo la estructura narrativa del film de principio a fin. La gracia de su actuación es el principal sostén para que el mecanismo narrativo no se agote rápidamente y nunca agobie al espectador. Tenemos que hablar se construye desde esa voz interior que se encuentra disociada de lo dicho. Lo que hace que el artificio funcione es la acidez de un guión que muestra el cinismo y la hipocresía de ese grupo de personas que a su vez opera como un reflejo de la sociedad en la que estos sujetos viven.
Una vez que la fiesta da inicio y observamos la fauna que asiste a la celebración el mecanismo ideado por Galperín termina de ajustarse del todo. Allí se lucen y acompañan a la excelente pareja protagónica actores del calibre de Luis Ziembrowski, Guillermo Pfening, Moro Anghileri, Diego Cremonesi, Francisco Garamona y Malena Sánchez.

Todos aportan en sus líneas de monologo interior a enrarecer a mas no poder el clima aparentemente festivo del que se supone da cuenta el evento. Mientras todos sonríen escuchamos las voces de la mente del elenco. Uno piensa en cómo hacer para no volver a fumar, otra piensa en hacer alguna apuesta on line, otro pretende tener una aventura con la mujer del festejante. La ambición por escalar en el trabajo, la infidelidad y la insatisfacción vital son algunos de los temas sobre los que orbita el film de Galperín.
Lo interesante es que la profundidad de estos temas nunca recae como un peso abrumador sobre el relato y sobre el espectador porque lo que prima es la gracia del guion y la sutileza de la puesta en escena que hace que ese fluir de la conciencia nunca se parezca a un ejercicio de técnica cinematográfica. Como en las buenas películas una vez que todo inicio comprendemos que las cosas no podrían ser de otra manera que como han sido creadas.
La sensación de opresión corrosiva de la que da cuenta el relato pareciera tener un punto final en la escena definitiva del film en donde los pensamientos deberán completarse con el peso de la palabra. Ese final le da espesor a una fábula filmada de modo urgente por un grupo de actores notables que participaron del film de Galperín sin cobrar por su trabajo debido a la falta de fondos.
Ojalá nunca más ninguna película argentina tenga que ser filmada en estas condiciones. Del estado del cine argentino y de la proeza que los artistas hacen con las condiciones materiales en las que trabajan también tenemos que hablar.
Tenemos que hablar (Argentina 2025): Guión y dirección: Mariano Galperín Montaje: Andrés Tambornino. Dirección de fotografía: Alejandro Giuliani. Dirección de arte: Lorena Ventimiglia, Vanina Mizrahi. Música: Ringo Galperín. Elenco: Marina Bellati, Marcelo Xicards, Guillermo Pfening, Luis Ziembrowski, Malena Sánchez, Moro Anghileri, Diego Cremonesi, Elvira Onetto, Francisco Garamona. Duración 72 minutos
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