CUENTO DE JUEVES DE VERANO: LOS RASTROS DE LO QUE ERA

por | Ene 22, 2026

«Con el ruido de los ómnibus, le llega desde la calle la transmisión de un partido de fútbol y entonces descubre -antes no lo había notado- que todos los que están en el Savoy son hombres. No sabe por qué se ha metido en ese bar que en otro tiempo frecuentaba, tal vez porque está próximo a la terminal, y porque ahí sobre la cortada, parece un sitio a resguardo» (MARÍA T. ANDRUETTO)

1. El Lenguaje del horror

Hay una literatura que intenta poner en palabras el horror. La palabra es terapéutica, si lo sabrán psicoanalistas, y psicoanalizados.Y si con el lenguaje definimos, determinamos el mundo, ¿Qué lenguaje nos dejó la dictadura?. ¿Cuáles son las palabras que cercenó la dictadura cívico-militar?. El terror que impactó en los cuerpos de miles, millones de habitantes también atravesó el lenguaje. Es el miedo que se instalaba en toda la sociedad, en las mentes, en la palabra, y ¿qué palabras utilizar para graficar la muerte, y el dolor de los argentinos, en aquellos años de plomo?.

Los Rastros de lo que Era, se puede encontrar en el libro Cacería, publicado en mayo de 2012, escrito por la cordobesa María Teresa Anduetto, y es un intento de expresar lo inasible, la angustia y el miedo que no pueden resolverse, que se impregnaron durante la dictadura. Aún en ese encuentro entre Iris, y su torturador, la cuestión quedará abierta, como una herida sin solución a través del tiempo.

2. Encuentro con la Muerte

El encuentro en el bar Savoy, cerca de la terminal cordobesa en Río Ceballos. Iris, viene del exilio francés, y es mujer, y no es menor. Los otros dos personajes del cuento son hombres, uno es su pareja, Antoine que no conoce ni por asomo, lo que vivió Iris. Por ello, le pide que se quede, -no entiende -antes de subir al avión. Antoine (su novio) la ama, no tiene maldad, es impecable, puro y blanco “como la camisa de un mormón”, cuenta la protagonista. En cambio su torturador, que en el relato no tiene nombre, y sólo Iris lo menciona en los sueños, es por supuesto la figura opuesta a a la amorosidad de Antoine, es siniestro, opera desde la sombras, de manera clandestina- como era el accionar de un tipo que pertenece a los grupos de tarea de la dictadura-.

Tan es así que ella recibía cartas de él en Grenoble. ¿Cómo sabía él la dirección exacta donde vivía, para enviarle aquellas cartas?. El Savoy está lleno de hombres, incluso escucha al llegar al bar la transmisión de un partido de fútbol. Es Iris que espera a ese hombre (Dudo de esta palabra para definir a alguien que ejerció la tortura en un Centro Clandestino de Detención), un miserable, un canalla de maldad absoluta. dice “Se ha dicho cien veces que no tiene, ni tendrá miedo y, aunque ocho años fuera del país han borrado las direcciones de los amigos que tenía en la ciudad, la invade la impresión de estar esperando a alguien.” La invade el terror, que la condujo al exilio en lo finales de los años 70 en la Argentina.

Y esta línea que parece menor se convierte en fundamental para el texto, “cuando despegaban, no pudo detener el impulso de revisar la agenda”, y después remata “enseguida comprobó que ninguno de los amigos de aquella época había resistido a la poda de los años”. El genial filósofo José Pablo Feinmann decía que se comentaba de «la poda», los secuestros que se llevaban adelante en aquella época.

Y ahora relato una situación fuera del texto para, precisamente comprender el cuento. Esta es una reunión que sucedió a principios de año en México. En 1984 en una mesa del bar Vip´s del Distrito Federal se encuentran dos protagonistas de Montoneros, Miguel Bonasso y Rodolfo “el loco” Galimberti. Se produce una discusión muy fuerte acerca de los detenidos que continuaron vivos. Surgen dos nombres cercanos a Bonasso, que “el loco” los señala como entregadores. Es decir aquellos que pasaron por los Centros Clandestinos de Detención, y salieron vivos, lo hicieron a cambio de entregar a sus compañeros. Esta fue una vivencia de los y las militantes de las organizaciones armadas tan dolorosa como real, el que quedaba vivo, no sólo se sentía culpable por estarlo, sino muchos podían sospechar que estaba vivo o viva por haber entregado a sus compañeros, compañeras.

3. Los Rastros de lo que era

   

¿Porqué ella tiene el impulso de revisar la agenda?. Porque los grupos de tareas tomaban las agendas de los detenidos, para continuar con la masacre. Es decir figurar en la agenda de un estudiante, de un militante político, social, de un dirigente sindical te hacía sospechoso. Inconciente y fatalmente Iris se tranquiliza, ¿porqué?. Porque es brutal, porque la dictadura los ha matado a todos. 

Las impresiones visuales, también las auditivas están presentes en este cuento, ella reconoce la voz, “la reconocería donde fuera”, se dice. El escalofrío que le produce el contacto de los dedos del torturador sobre su espalda, le bastan, no necesita la cara para reconocerlo. Y he aquí la tragedia de toda una generación, la muerte como un ave negra por sobre la cabeza de miles de jóvenes. Está en Savoy con este tipo siniestro, y Andruetto relata: 

«Se le cruzó otra vez su madre muriéndose y supo que ya no iría a verla. Midió las horas que la separaban del momento en que quedaría para siempre despojada de toda raíz; calculó también la distancia hasta la puerta y hasta el hombre que despachaba tras la barra, imaginó una maniobra y supo que ni un milagro alteraría el ritmo de las cosas. Él nombró el sitio donde la guardaba por aquellos años -el campo donde la chuparon y después la casa- y le recordó lo que ella había hecho a cambio de promesas que la mantuvieron viva. En esa casa, ella se había acostado con él sin olvidar quién era ni lo que hacía, ni tampoco lo que había hecho con ella, ni hasta qué extremo la había sometido.»

Culpa, indignidad, vejación, que el cándido francés Antoine, que vivió entre algodones nunca entenderá. Y ella se quiebra ante sus compañeros muertos, su madre- que está muriendo-, sus amigos, y ella misma. Él le habla y le toca el pelo, mientras ella tiembla y sobre la fórmica del bar, no están solo las babas de los borrachos, sino las lágrimas de alguien que tuvo que traicionar a sus propios compañeros.

María Teresa Andruetto. (1954). Nacida en Arroyo Cabral, Córdoba, escritora de Literatura infantil y juvenil. Obtuvo el Premio Hans Cristian Andersen, (2012), considerado el pequeño Nóbel de la Literatura. Se licenció en Letras Modernas en la Universidad Nacional de Córdoba. Cacería, Lengua madre y Una Lectura de Provincia son algunos de sus tantos trabajos.

NOTA: Miguel Bonasso*, militante de la Organización armada Montoneros, un sobreviviente del genocidio de Estado realizada durante el última Dictadura militar, 1976-1983.

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