Por primera vez en su historia, México es gobernado por una mujer. Pero el dato, aunque contundente, no alcanza para explicar la dimensión política de Claudia Sheinbaum Pardo, quien asumió la Presidencia el 1° de octubre de 2024 tras una victoria electoral arrolladora. Su llegada al poder condensa algo más profundo: el cruce entre ciencia, política y un proyecto de continuidad transformadora en América Latina.
Sheinbaum no proviene del marketing político ni del linaje tradicional del poder.
Nacida en el Distrito Federal en 1962, es doctora en Ingeniería en Energía, fue la primera mujer admitida en el doctorado, lo que marca su lucha y empoderamiento femenino. Formada en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), con investigaciones en eficiencia energética y participación en el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), organismo que recibió el Premio Nobel de la Paz en 2007. Su perfil técnico y académico la distingue en una región donde la política suele desconfiar del conocimiento científico.
Antes de llegar a la presidencia, fue jefa de Gobierno de la Ciudad de México entre 2018 y 2023. Allí impulsó políticas de movilidad sustentable, ampliación del transporte público, obras de infraestructura urbana y programas sociales, consolidándose como una dirigente con
obras de infraestructura urbana y programas sociales, consolidándose como una dirigente con gestión, volumen político y alineamiento con el proyecto iniciado por Andrés Manuel López Obrador.

Su triunfo como candidata del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) no fue solo electoral: fue simbólico. Sheinbaum se convirtió en la primera mujer y la primera persona de origen judío en presidir México, en un país atravesado históricamente por estructuras patriarcales y conservadoras. En su discurso de asunción lo sintetizó con una frase que ya quedó grabada en la historia política regional:
“Llegamos todas. Y digo llegamos porque no llego sola.”
Lejos de presentarse como una figura rupturista individual, Sheinbaum se posiciona como parte de un proceso colectivo. Su narrativa articula justicia social, soberanía nacional y un Estado activo. “No puede haber pueblo rico con gobierno pobre”, repite, recuperando una concepción clásica del progresismo latinoamericano que pone al Estado como herramienta de redistribución y no como problema.
En política exterior, mantiene una línea clara: cooperación sin subordinación. “Nos coordinamos, pero no nos subordinamos”, afirmó, marcando límites frente a Estados Unidos y reivindicando la autonomía mexicana en un contexto global de tensiones geopolíticas crecientes. Hace unas semanas ante una declaración, que más que eso era una orden, expresó «Usted no me dice a mí, a quien le vendo mi petróleo (…) El petróleo es mexicano y para los mexicanos. Ni Estados Unidos, ni ningún otro país tiene votos en nuestra cartera de clientes»
“Llegamos todas. Y digo llegamos porque no llego sola.”
CLAUDIA SHEINBAUM PARDO. PRIMERA PRESIDENTE MUJER EN MÉXICO.
En materia de seguridad, uno de los grandes desafíos del país, su enfoque combina prevención social y firmeza institucional: “Habrá atención a las causas de la violencia y cero impunidad”, sostuvo, alejándose tanto del punitivismo vacío como de la negación del conflicto.
Claudia Sheinbaum encarna una figura poco habitual en la política regional: una dirigente que habla de justicia social con lenguaje técnico, que combina militancia con gestión y que llega al poder sin renegar de la ciencia ni del Estado. Su presidencia no solo redefine el escenario mexicano, sino que reabre una pregunta más amplia para América Latina: ¿puede el conocimiento convertirse en poder político sin perder sensibilidad social?
México ya dio su respuesta. El resto del continente observa.





