ANTE EL RETROCESO CIVILIZATORIO MÁS GRAVE DE LA HISTORIA MODERNA

por | Mar 12, 2026

El mensaje del secretario de Estado estadounidense Marco Rubio en la Conferencia de Seguridad de Múnich se articula con la Estrategia de Seguridad Nacional presentada por Donald Trump en enero de 2026. En conjunto, ambos planteos actualizan la lógica histórica de la Doctrina Monroe: reafirmar la primacía de Estados Unidos sobre el continente americano y defender su posición frente a las nuevas potencias globales.

La Doctrina Monroe de 1823 se presentaba como una defensa del continente frente a Europa. Sin embargo, su verdadero objetivo fue sustituir la hegemonía del imperio británico por la estadounidense. En el escenario actual, esa lógica reaparece en un contexto internacional marcado por la disputa entre potencias y el debilitamiento del orden global surgido tras la Guerra Fría.

Paradójicamente, Rubio abrió su discurso con una apelación a la histórica alianza entre Europa y Estados Unidos, un gesto que busca recomponer un vínculo tensionado por las políticas recientes de Trump: la presión para aumentar el gasto militar de la OTAN, las negociaciones unilaterales sobre Ucrania y la pretensión de anexar Groenlandia.

Globalización, desindustrialización y rivalidad geopolítica

Uno de los ejes centrales del discurso fue la crítica a la globalización. Según Rubio, este proceso provocó la desindustrialización de Estados Unidos y dejó sus cadenas de suministro en manos de “adversarios y rivales”. La narrativa reproduce así una lógica binaria —amigo o enemigo— que atraviesa buena parte de la política exterior estadounidense actual.

Sin embargo, la deslocalización industrial hacia Asia fue durante décadas una decisión estratégica compartida por gobiernos demócratas y republicanos. Las grandes empresas occidentales se beneficiaron de menores costos laborales y ventajas fiscales, mientras el sistema financiero estadounidense sostenía el equilibrio económico gracias al rol dominante del dólar en el comercio internacional.

Hoy, frente al ascenso de nuevas potencias, Washington busca reconstruir cadenas de suministro “occidentales”, especialmente en sectores estratégicos como los minerales críticos. Esta estrategia implica una renovada presión sobre los países del Sur global, cuyos recursos naturales se vuelven cada vez más centrales en la competencia geopolítica.

Migración, identidad y choque de civilizaciones

Otro de los temas destacados del discurso fue la inmigración. Rubio la describió como una amenaza para la cohesión cultural y la estabilidad de las sociedades occidentales. Bajo este argumento, el control de fronteras aparece como un acto de defensa civilizatoria.

Sin embargo, las grandes migraciones históricas suelen estar vinculadas a guerras, crisis económicas o desigualdades estructurales, muchas veces relacionadas con las propias dinámicas del sistema internacional.

En este punto, el discurso se aproxima a la lógica del “choque de civilizaciones”, la teoría formulada por Samuel Huntington, donde la política global se entiende como una confrontación entre culturas y modelos civilizatorios.

Detrás de este escenario geopolítico se encuentra una dinámica más profunda: la expansión del capitalismo financiero global. Cuando las fronteras económicas tradicionales se agotan, el sistema busca nuevos territorios de acumulación»

CARLOS RAIMUNDI

El cuestionamiento del derecho internacional

Uno de los pasajes más significativos del mensaje de Rubio plantea que Estados Unidos ya no puede anteponer el orden internacional a sus intereses vitales. La afirmación implica un cuestionamiento directo al sistema multilateral construido tras la Segunda Guerra Mundial.

La consecuencia es clara: si el derecho internacional deja de ser un marco vinculante, prevalece la ley del más fuerte. Este giro refleja también la crisis del orden global basado en reglas, que durante décadas funcionó bajo la hegemonía estadounidense.

Capitalismo global y nuevas fronteras de acumulación

Detrás de este escenario geopolítico se encuentra una dinámica más profunda: la expansión del capitalismo financiero global. Cuando las fronteras económicas tradicionales se agotan, el sistema busca nuevos territorios de acumulación.

Estos territorios pueden ser físicos —recursos naturales, turismo exclusivo, incluso el espacio exterior— o virtuales, como el universo de los datos, las plataformas digitales y la inteligencia artificial.

Las grandes empresas tecnológicas ya operan como actores globales capaces de concentrar información, capital y poder político. La disputa por el control de estas infraestructuras digitales se convierte así en un nuevo campo de competencia geopolítica.

Hacia un mundo multipolar

El trasfondo del debate es el fin de la unipolaridad surgida tras la Guerra Fría. Nuevos polos de poder —China, India, Rusia, Turquía y diversas potencias regionales— cuestionan la pretensión de universalidad del modelo occidental.

Este cambio abre la posibilidad de un orden internacional más plural, donde distintas tradiciones culturales y civilizatorias convivan sin que una sola potencia imponga su visión del mundo.

En ese escenario, América Latina enfrenta un desafío histórico: superar su posición periférica y construir una voz propia dentro de un sistema global cada vez más multipolar.

FUENTE: CARLOS RAIMUNDI. TECTÓNIKOS

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