Ustedes eran muy jóvenes pero hace 30 años el fútbol no era el circo que es hoy en día. La oferta televisiva se reducía a la fecha de primera división que se jugaba los domingos a las 15 horas y ocasionalmente algún partido de uno de los equipos denominados grandes se trasmitía de forma codificada los viernes a las 21 horas. En 1994 yo era un adolescente de 15 años que iba al colegio secundario y se entretenía escuchando radio en su tiempo libre. No existían las redes sociales ni el fútbol europeo de cualquier liga a cualquier hora.
En ese mundo muy lejano los fanáticos del fútbol contábamos para informarnos y estar al tanto de las novedades de nuestros equipos con una oferta muy limitada en comparación con lo que tiene un joven en la actualidad. A las 19, de lunes a viernes Víctor Hugo Morales conducía por radio Continental su tira deportiva llamada Competencia. En los tempranos años 90 comenzó a ampliarse lentamente la oferta radiofónica futbolera. Fernando Niembro comenzó con su propia tira deportiva llamada De una con Niembro trasmitida por radio Libertad. Rápidamente termine consumiendo el programa de Niembro e incorporando su filosofía de extremo bilardismo. Víctor Hugo también era bilardista pero se notaba que el relator oriental estaba más preocupado por otra serie de consumos culturales y políticos que por debatir hasta la eternidad acerca de si era mejor ser un resultadista a la Bilardo o un esteticista a lo Menotti.
Los 90´ habían heredado de los años 80, un complejo conflicto ideológico entre los que pensaban que el fútbol argentino tenía sus raíces en el buen juego y básicamente en una esencia de buen trato de pelota y los que pensaban, que lo único que importaba era ganar cueste lo que cueste, identificados con el estilo de juego implementado primero por Zubeldía en el Estudiantes multicampeón de América y luego continuado por su discípulo Carlos Bilardo.
César Luis Menotti era el líder de esa idea esteticista que había plasmado sabiamente en su Huracán campeón de 1973. También en su ciclo a cargo de la selección entre 1974 y 1982 que corono a la selección argentina campeóna del mundo en el mundial disputado en Argentina por primera vez y que tuvo su corolario con el título de campeón juvenil en Japón en 1979.
Esos debates habían llegado a las páginas de El Gráfico y Clarin y de la mayoría de los medios radiales. En ese contexto ser joven y futbolero no implicaba ser solamente hincha de un equipo sino que también significaba sostener una idea filosófica y sostenerla. En 1994 un día de casualidad haciendo zapping en la spika que me había regalado mi mama un año antes encontré un programa que me cambio la vida. El programa se llamaba Araujo de primera y era conducido por Marcelo Araujo que era sin más la celebridad que le ponía voz humor y magia a los partidos del fútbol argentino desde finales de la década del 80 del siglo XX.
«Los 90´ habían heredado de los años 80, un complejo conflicto ideológico entre los que pensaban que el fútbol argentino tenía sus raíces en el buen juego y básicamente en una esencia de buen trato de pelota y los que pensaban, que lo único que importaba era ganar cueste lo que cueste».
JUAN P. SUSEL.
El impacto televisivo de los relatos de Araujo fue inmediato modificando para siempre la historia del relato deportivo en nuestro país. Araujo le puso color a los relatos monocromáticos que eran la norma del genero antes de su llegada. Los jóvenes de nuestra generación hasta que Araujo comenzó a relatar en su mayoría le bajaban el volumen a la televisión y ponían la radio al mango para escuchar a los magos del relato futbolero radiofónico.
Escuchar a Víctor Hugo o al gordo Muñoz era una experiencia mucho más sensual y aventurera que escuchar a los relatores televisivos que como burócratas se limitaban a informarnos que jugador tenía la pelota en sus pies en determinado momento. Marcelo Araujo modificó ese panorama gracias a un modo de narrar que era absolutamente innovador y que conectaba a los hinchas con su prosa ingeniosa y popular. Tambien gracias a una serie de latiguillos indestructibles que permitieron reformular la idea que teníamos de lo que significaba ser un relator de fútbol. Araujo hizo una dupla de lujo televisiva con su comentarista, el histórico y fundamental Enrique Macaya Márquez.
Este último era sobrio y analítico en cambio Araujo era histriónico y juguetón pero esas características no deberían obviar las condiciones técnicas del Araujo relator que era un prodigio de dicción y buen decir. Retomando el origen, aquel adolescente que yo era en la década del 90 se encontró una tarde en la que no fue al colegio secundario, con la audición de Marcelo Araujo en radio La Red. Su programa se emitía a las cinco de la tarde y ahí Araujo hacía gala de todas las virtudes que tenían los hombres de radio allá lejos y hace tiempo.
Su programa tenia entrevistas en profundidad a los grandes protagonistas del fútbol argentino de finales del siglo XX. Por allí desfilaban Maradona, Pasarella y Bilardo entre otros de los protagonistas centrales de nuestro fútbol de aquel entonces pero su programa no se reducía a las entrevistas. Cada uno de los periodistas ocupaba un lugar central en cada uno de sus trasmisiones. 30 años después de haberlo escuchado sigo recordando sin esfuerzo los nombres que conformaban el equipo de Araujo de primera. Paulo Vilouta, Elio Rossi, Martin Liberman, Fernando Pacini, Raúl Rivello y Gabriel Schultz eran ellos, una parte central de un programa que era pensado de inicio a fin como un show radial.

Lo ideológico en Araujo no se redujo solo a su adscripción al bilardismo en términos futboleros. Admirador de Carlos Saúl Menem fue junto a Fernando Niembro uno de los voceros mediáticos militantes de esa oleada neoliberal. Araujo fue un representante de la pizza y champan menemista pero como la mayoría de los seres humanos no fue solo eso. A comienzos de la década del 80 junto a Adrián Paenza y Fernando Niembro concretaron la llegada al país de Víctor Hugo Morales que en ese momento era hostigado por la dictadura uruguaya. La llegada de Víctor Hugo junto a los aportes del propio grupo periodístico del que era parte Araujo cambiaron para siempre la radiofonía deportiva del país.
En 2009 cuando el gobierno de Cristina Kirchner decidió recuperar y devolverles a los argentinos la posibilidad de ver futbol de modo gratuito Araujo le puso voz a esa política democratizadora que los poderosos jamás le perdonaron condenándolo a una obvia proscripción.
Estos últimos años fueron de padecimiento físico y de una soledad que se percibía en las pocas entrevistas que brindo.
A la memoria publica le queda ese modo de relatar único que opero como una divisoria de aguas en la televisación del futbol en el país. Dos ejemplos dan cuenta de sus virtudes de relator. Una vez abandono la cabina después de un gol inolvidable del central de boca Luis Medero frente a Platense. Si lo haces me voy dijo Araujo antes de que Medero definiera rompiéndole el arco al arquero calamar. Araujo se fue dejando solo con la trasmisión a Macaya Márquez que no podía creer lo que estaba sucediendo. El otro gran relato de Araujo es su memorable narración del gol de Caniggia frente a Brasil en el mundial 90. 36 años después sigue poniendo la piel de gallina escuchar ese momento estelar de la historia del futbol argentino
A mí me quedan mis tardes tirado en la cama escuchando los debates futbolístico filosóficos que con el correr del tiempo conformaron mi subjetividad transformándome en el hombre que ahora soy.
También su partida al otro lado de las cosas me deja sumido en la nostalgia de un tiempo en el que escuchar radio era algo tan nutritivo como leer un libro. Un tiempo en donde leer o escuchar hablar a un otro eran prácticas que cultivaban algo que los hombres llaman espíritu.
Me queda por último el sonido de su voz como banda de sonido en momentos hermosos de mi vida, vaya que no es poco.





