CUENTO DE JUEVES DE VERANO: LA LUNA ROJA

por | Mar 5, 2026

“Las criaturas inmóviles, con los pies recogidos junto al zócalo de los umbrales, escuchaban en silencio las rápidas pisadas de las sombras que pasaban en tropel”. (Arlt. R, La Luna Roja, 1933).

A finales de la década de 1920 el mundo liberal, basado en el progreso indefinido y la fe en la ciencia, estaba inmerso en una crisis profunda.. La crisis de 1929, provoca la quiebra de miles de empresas, y cientos de desocupados en Estados Unidos. Trastoca el comercio internacional, y la Argentina como proveedor de materias primas sufre los coletazos. También es la década que irrumpirán los movimientos autoritarios en Europa, el fascismo en Italia, y Adolph Hitler solía hablar en mitines y a crear una nueva fuerza, el nazismo. En 1930 se produce el primer golpe de estado en la Argentina, con claro perfil autoritario. El ejército y la élite termina con el gobierno del líder popular y por segunda vez electo Hipólito Yrigoyen.

Es en este contexto de crisis material y espiritual que nace la obra de un gran escritor argentino Roberto Arlt. Ya había publicado Los Siete Locos, Los Lanzallamas, El Amor Brujo y había echo su debut en el Juguete Rabioso (1926), además había escrito como periodista sus columnas en el Diario El Mundo, Aguafuertes Porteñas. Su cuento la Luna Roja aparece en 1933, años de violenta represión sobre los anarquistas, y de ajuste económico sobre las clases media y baja de nuestro país.

EL APOCALIPSIS DE ARLT: ZOMBIES, DESFILES DE HAMBRIENTOS Y RASCACIELOS ILUMINADOS

I

“Nada lo anunciaba por la tarde. Las actividades comerciales se desenvolvieron normalmente en la ciudad. Olas humanas hormigueaban en los pórticos encristalados de los vastos establecimientos comerciales, o se detenían frente a las vidrieras (…). Los cajeros, tras de sus garitas encristaladas, y los jefes de personal rígidos en los vértices alfombrados de los salones de venta, vigilaban con ojo cauteloso la conducta de sus inferiores. Se firmaron contratos y se cancelaron empréstitos”. Así se inicia el relato ya marcando que algo inesperado sucederá.

“Numerosas parejas de jóvenes y muchachas se juraron amor eterno…” ironiza el autor frente a un voluminoso despliegue capitalista, cajeros, actividades comerciales, gente observando las vidrieras, y la firma de contratos.

Frente a esta lógica de “unos jóvenes se juran amor para siempre, una escena tierna y romántica, pura, dos jóvenes enamorados aparece expresada una lógica de mercado. Luego avisa que surgirá algo que saldrá de lo habitual, por ello Arlt advierte: “Nada lo anunciaba”. Todo parecía correr por caminos normales, va a ser un día más igual que ayer, parece decir el narrador, pero algo no anunciado sucederá.

 Después en esta ciudad encontramos fornidos vigilantes, siluetas de la policía montada armados de carabinas, pistolas y gases. Estos son agentes que cuidan los tesoros guardados tras los muros. Y como debe ser en el mundo occidental y capitalista, los ciudadanos festejan sentirse seguros, pensemos además como se «trabaja», desde los medios para generar que te sientas inseguro, y te tranquilice la represión. Se contentan por que los oficiales que los cuidan portan cualquier arma, sino armas mortíferas.  Es en estos años que el otro, es el anarquista, los huelguistas, los que quieren destruir al estado, y al capital, aquellos que tiene ideas peligrosas y quieren alterar el orden social. Ergo se dice de los ciudadanos miedosos, Los hombres timoratos pensaban: “¡Qué bien estamos defendidos!”, y miraban con agradecimiento.”

II

 ¿Qué actores sociales presenta la ciudad moderna, capitalista de inicios del siglo XX, de palacetes como el Kavanagh o el Palacio Barolo?. Además del lujo y la aristocracia, ya la zona norte, Recoleta tienen su glamour, su estilo refinado. Pero atención para el narrador también están presentes los que sobran, ¿quienes sobran?; “los desocupados elegantes de la ciudad”. Danzan con elegancia los marginados, los expulsados del sistema, líneas más abajo alega que hay  “una microscópica multitud que husmea el placer barato, los dancings económicos”.

Fin del mundo Arltiano en una ciudad futurista, La Luna Roja (1933)

Y en el párrafo siguiente menciona rascacielos, fachadas fosforescentes, carteles luminosos, esto no es menor porque estamos en plena depresión de 1930. Hacia arriba enormes rascacielos que contrastan con la pobreza que hay abajo, con la muchedumbre que consume lo que puede, inmersos en placeres mundanos y baratos.

Y ahí está la clase alta,  va a oír el vals Danubio Azul tocado orquestalmente, porque la élite no consume placeres baratos como el bajo pueblo. Pero los músicos dejan sus instrumentos, y abandonan la sala, como presos de una fuerza extraña que los moviliza. Y los sigue los camareros y el público rumbo a la calle.

El espectáculo es dantesco hombres y mujeres amarrados de sus brazos, con sus jorobas y cabezas gachas. Es de noche y los faroles de la calle no iluminan, alguien prende un fósforo y logra ver gente sentada en la puerta de sus casas, y de los rascacielos baja una multitud silenciosa.

III

                                                  

Gente aterrorizada empieza a huir de la ciudad, a refugiarse en coches, mientras una multitud gana las calles y marcha, son sombras, criaturas inmoviles, ¿zombies?. Como si fuese poco aparecen los animales, Tigres, caballos, elefantes acrecientan la multitud, y son la vanguardia, toman la delantera, De la luna, fijada en un cielo más negro que la brea, se desprendía una sangrienta y pastosa emanación de matadero”. Una luna de color sangre se hace presente en una posible narración del fin del mundo.

«Y ahí está la clase alta,  va a oír el vals Danubio Azul tocado orquestalmente, porque la élite no consume placeres baratos como el bajo pueblo. Pero los músicos dejan sus instrumentos, y abandonan la sala, como presos de una fuerza extraña que los moviliza».

LA LUNA ROJA. ROBERTO ARLT.

 

La muchedumbre va perdiendo el habla, y atención con esto, porque en la ciudad neocapitalista acaba con el lenguaje. ¿Será la falta de comunicación un mal moderno, apabullados por pantallas, y en muchas ocasiones sin conectar con los otros a pesar de estar hipercomunicados?. 

“El silencio de la multitud llegó a hacerse insoportable. Un hombre trepó a un balcón y (…) aulló congestionado: —Amigos, ¡qué pasa, amigos!. Yo no sé hablar, es cierto, no sé hablar” grita alguien guturalmente entre la multitud.

Entre esta marea humana, y animalizada, de bestias que marchan sin ton ni son, la atmósfera se cubre de polvo y ceniza, y el océano luce empetrolado. La multitud grita que no quiere guerra entre rascacielos, y la Luna Roja; sin embargo cierra diciendo: 

“Comprendían esta vez que el incendio había estallado sobre todo el planeta, y que nadie se salvaría”. Los habitantes convertidos en una especie de zombies en la ciudad del fin del mundo Arltiano. Apocalíptico final de un cuento distópico con ingredientes literarios pero con condimentos que parecen actuales, una ciudad hipersegura y atravesada por alienados. ¿Habrá una marcha de zombies mirando las pantallas?.

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